ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

GESTIONAR LAS RABIETAS

¿Cómo puedo afrontar las rabietas de mi hijo?
Los llantos, patadas y  gritos que conllevan una rabieta, puede llegar a  ser de lo más frustrante para los padres. Pero, no las mires como si fueran  pequeños desastres, lo mejor, es  ver en ellas una oportunidad para educar.
La rabieta, según nos dice la psicóloga Elena Fernández, “es una forma inmadura de expresar desacuerdo. Si cedes a sus demandas, cada vez que sea contrariado  recurrirá a ellas, por eso también le sucede en la escuela. Está aprendiendo a no ser eficaz en la resolución de conflictos y conviene cambiar pautas porque la madurez para afrontar su desacuerdo se va ganando cuando sepa de qué otras formas puede hacerlo (aprendiendo conductas alternativas).”
Ante esto, la labor de los padres y educadores es no perder la calma.
¿Por qué mi hijo de 20 meses tiene rabietas?
Las rabietas son frecuentes alrededor del  segundo año de vida. Coincide con la edad en la que la mayoría de los niños desarrollan  sus habilidades lingüísticas y están aprendiendo a conocer y controlar sus emociones.
Debido a que estos pequeños  aún no pueden expresar sus sentimientos y emociones  con palabras,  es normal que cualquier experiencia frustrante para ellos,  les provoque una rabieta. Conforme van mejorando sus habilidades lingüísticas, sus rabietas tienden a disminuir.
Hay que comprender que entre 1 y 3 años, los niños desean más independencia para explorar el entorno que les rodea, pero los padres y educadores, sabemos que aún no son capaces de asumir el control sobre  ése mundo por experimentar. Y la lucha por el poder mientras el niño cree que puede hacerlo solo, o cree que puede tener lo que desea y el descubrimiento de que no lo pueden hacer,  o no lo puede tener, es lo que desencadena las rabietas.
Estas rabietas van desde los llantos, gritos, golpes y patada hasta llegar a aguantarse la respiración. Y como hemos dicho antes, son frecuentes a la edad entre 1 y 3 años.
Los padres y educadores deben ser conscientes de que las rabietas son absolutamente normales en el desarrollo infantil y que es la manera que tiene el niño para mostrar su malestar o, como hemos dicho ya, su frustración.
A menudo, las rabietas ocurren cuando los niños tienen hambre, están muy cansados, o, como hemos visto,  cuando no pueden conseguir algo (bien sea un objeto, una acción o simplemente, la atención de un adulto) que desean. Aprender a afrontar la frustración es una habilidad que los niños desarrollan en la medida que crecen y adquieren la capacidad de conocer y controlar sus emociones.
Algunas sugerencias y técnicas para afrontar una rabieta
Aquí os mostramos algunas sugerencias e ideas que pueden ayudar a los adultos para afrontar y educar a través de las rabietas y qué podemos hacer para intentar evitarlas.
          Si hay cuestiones de seguridad implicadas y/o Si el niño os intenta pegar o tirar objetos,  su tu hijo repite la conducta prohibida después de que se le haya dicho que deje de hacerlo, sugerimos que le sujetéis entre vuestros brazos con el fin de que no  se lastime así mismo ni a nadie. Una vez en vuestros brazos, hablarle con tranquilidad hasta que se vaya relajando. En este momento, no te va a ser posible  razonar con él hasta que su enfado no se calme. Pero el contacto y la voz suave ayudarán a que se relaje y el niño entienda que hasta que no se calme permanecerá así.  Si aún así, no conseguimos calmarle, utilice la pausa obligada o “tiempo fuera”  durante unos cortos minutos. Sea consecuente y no ceda nunca, sobre todo en los temas de seguridad.
          Distrae a tu hijo. Cuando algo fuera de su control haya llamado su atención, ofrécele  otra cosa distinta a la que reclama y que no puede tener. Empieza por una nueva actividad que sustituya a la que le llevará a la frustración y por consecuencia, a la rabieta.  O cámbiale de espacio saliendo del lugar donde estén y entrando en otro donde distraiga su atención sobre lo prohibido.
          Cuando el niño te pida algo, considera su petición. ¿Es excesiva?,  quizá pueda no ser para tanto. Elije bien las batallas que quieres o puedes lidiar y adapta tus actividades a la edad del menor.
          Concede a tu hijo el control sobre pequeñas cosas. Permítele aprender a elegir cosas de poca importancia, como “¿qué prefieres, zumo de naranja o una manzana?”  O por ejemplo: “¿Prefieres ponerte el pijama ahora, o al irnos a dormir?”. De este modo, evitarás preguntas del tipo «¿Quieres tomar un zumo de naranja ahora?», lo que inevitablemente llevaría aparejado como respuesta un «no».
          Aprende a conocer los límites de tu hijo. Si sabes que tu hijo está cansado, podría no ser el mejor momento para ir al supermercado con él ni para hacer recados en lugares donde puede llegar desencadenarse  una rabieta
          Pon siempre mucha atención positiva sobre tu hijo. Aprende cómo identificar y reconocer los momentos en los cuales tu hijo se porta bien y recompénsale con atención y elogios ante estos comportamientos.
          Favorece las ocasiones para que  tu hijo aprenda nuevas habilidades que le ayuden a eliminar las rabietas.  Ofrécele herramientas para que prenda a hacer cosas nuevas. Elógialo para ayudarle a sentirse orgulloso de lo que es capaz de hacer. Empieza siempre por pequeñas cosas que él pueda hacer  y avanza poco a poco hacia tareas más complejas.
Recuerda…
          Ante una rabieta, lo más importante es mantener la calma. No lo compliques con tu propia frustración o enfado. Recuerda que tu tarea consiste en ayudar a que tu hijo aprenda a calmarse. Por lo tanto, no entres en  un enfado contra el niño. Tu comportamiento antes estas situaciones, será el ejemplo a seguir por tu hijo. Muéstrale comprensión y dale ejemplos de que hay  algunas cosas que te enfadan mucho, otras un poco y otras muy poco para que él vaya aprendiendo que hay puntos intermedios; enséñale que cuando está enfadado tiene su derecho a estarlo pero no puede pegar, contestar de mala forma…, sin embargo puede jugar a otra cosa, distraerse, dibujar su enfado…. hasta que se le pase…
          Nunca le castigues negativamente, recuerda que un azote transmite al niño el mensaje de que la fuerza y el castigo físico es una conducta adecuada y podría traer consecuencias de comportamientos negativos en el futuro del menor. Ejerce tu auto-control para controlar la rabieta de tu hijo.
          El niño está aprendiendo, cuando algo no le gusta se enfada, cuando algo le gusta se pone contento; esto es correcto y está bien hasta que interfiere en su relación con los demás o su respuesta es exagerada. En ese momento es importante que no pierda el cariño de las personas de su alrededor, que se sienta comprendido y que su conducta sea  guiada hacia lo positivo. Por ejemplo:  si está muy enfadado para que se le pase la rabieta, guíale diciéndole que te puede dar un fuerte abrazo, que puede correr, que puede pensar en otra cosa, hacer un dibujo. Al principio no lo hará y es posible que no quiera ni escucharte, pero si cada vez que se enfada le guías hacia conductas positivas, él irá aprendiéndolas.
          Por las noches, puedes enseñar al niño a​ relajarse llenando su tripita de aire con un ejercicio sencillo como tomar el aire por la nariz y echarlo por la boca. ES una actividad que además de relajarle, le gustará porque será un momento compartido entre ambos. Además, antes del ejercicio, podéis hablar sobre lo que os ha enfadado a cada uno durante el día y cómo habéis afrontado vuestro enfado. Ésta práctica nocturna antes de dormir, también ayudará a su autorregulación.
          Dependiendo de cuál sea la causa que ha desencadenado la rabieta,  la podemos manejar de distintas maneras. A veces, solo necesitaremos mostrar consuelo y afecto al menor, pero en otras ocasiones,  lo mejor puede ser ignorar la rabieta y distraer a al niño con actividades nuevas. Si el niño está cansado o tiene hambre, lo mejor es que se eche una siesta o que se tome un tentempié. Si la rabieta ocurre porque el niño no puede conseguir algo que quiere, mantén la calma y no des muchas explicaciones sobre los motivos por los cuales no puede tener lo que desea. Intenta buscar otra cosa que sí pueda tener.
          Ten siempre en cuenta, que los niños que pueden llegar a dañarse  a sí mismos o a los demás durante una rabieta, se deben llevar a un lugar tranquilo y silencioso para que se tranquilicen. Esto también es aplicable a las rabietas que ocurren en lugares públicos.
          Los niños en edad preescolar y escolar tienen más probabilidades de utilizar las rabietas para salirse con la suya si han aprendido que este comportamiento funciona. Una vez los niños empiezan a ir a la escuela, es adecuado enviarlos a su cuarto para que se tranquilicen.
          En lugar de establecer un límite de tiempo específico, dígale a su hijo que se quede en su habitación hasta que recupere el control. Esto les otorga cierto poder (los niños pueden modificar el resultado por medio de sus propias acciones), de modo que recuperan la sensación de control que habían perdido durante la rabieta. De todos modos, si «la pausa obligada» (o tiempo fuera) se debe a una conducta negativa (como pegar), aparte de a la rabieta, establezca un límite de tiempo.
          Para que los episodios de rabietas sean menos frecuentes, asegúrate de que tu hijo esté durmiendo lo suficiente. Cuando un niño no duerme lo necesario, puede presentar hiperactividad, mostrarse antipático, irritable e incluso, presentar conductas extremas. El hecho de que duerma lo suficiente puede reducir de forma considerable sus rabietas. Las necesidades de sueñode la mayoría de los niños caen dentro de unos márgenes basados en la edad, pero no olvides que cada niño tiene sus propias necesidades de sueño específicas.
          Las rabietas no suelen ser un motivo para preocuparse y suelen desparecer por sí solas. Conforme los niños maduran, ganan auto-control. Aprenden a cooperar, a comunicarse y afrontan mejor la frustración. Menos frustración y más control equivale a menos rabietas.
Al recuperar la Calma
          Recuerda que los niños pueden llegar a sentirse especialmente vulnerables después de una rabieta, porque saben que su conducta no ha sido la adecuada. Cuando el niño ha recuperado la calma,  será el mejor momento de darle un abrazo que le tranquilice y hacerle sentir que se le sigue queriendo.
          No recompenses la rabieta de tu hijo cediendo ante sus peticiones. Con ello le demostrarías al niño que la rabieta funciona. La mejor actitud, es  elogiarle  verbalmente por haber recuperado el control.
Libros para trabajar las rabieta
«Qué puedo hacer cuando… Estallo por cualquier cosa». Un libro para ayudar a los niños a superar sus problemas con la ira. Dawn Huebner
«Cuando me enfando» de Michaelene Mundy. Un libro para que los niños entiendan lo que les sucede.

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