ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

CÓMO FAVORECER LA AUTOESTIMA DE LOS MÁS PEQUEÑOS

A veces, sin darnos cuenta las madres y padres tenemos algunos comportamientos poco favorecedores para la autoestima de nuestros hijos.
Un ejemplo común que se normaliza hoy día, es el de que los padres nos saben poner límites y se exceden en el apoyo y la defensa de algunos comportamientos habituales en sus hijos y esto no es beneficioso para él, porque no siempre tiene razón o su actitud no es la correcta.
Cuando un niño se comporta mal, los padres deben ser consecuentes a dicho comportamiento y, deben explicarle  el por qué esa actitud no ha sido correcta y esto, ha de hacerlo evitando en todo momento menospreciar al menor con sus palabras o frases-sentencias como “siempre la estás liando”, “eres un torpe”, “nunca aprenderás”…porque estas frases el niño las recibe como mensajes negativos para su persona y así las interioriza.
Algunas cosas a tener en cuenta cuando los padres desean concienciar al niño sobre sus actos son:
  • Evitar recriminarle utilizando reproches, censuras o críticas negativas
  • Intentar entender sus necesidades. Evitar atribuirle sentimientos o pensamientos que no son suyos.
  • Evitar el uso de frases negativas (mira que eres difícil, me desesperas, eres peor que tu padre/madre) y los juicios precipitados  (dejar que el niño se explique y medite)
  • Si surgen dificultades en la escuela o el colegio, afrontadlas rápidamente, pero de manera serena. Si fingís e ignoráis el incidente, el niño interpretará esta indiferencia vuestra como una rendición o renuncia a mejorar la situación.
  • Normalizar la imposición de límites y normas para su comportamiento. El niño necesita de ellos para sentir seguridad en los padres y para sí mismo. Los niños que no se han enfrentado a las normas y ni a los límite impuestos por los adultos, son los que presentan los niveles de angustia más elevados.
  • Hablar siempre de manera sosegada con el niño. Transmitiendo siempre seguridad al menor. Que él sienta que sus padres tienen el timón y saben que lo que hacen es lo mejor que saben hacer para que él crezca sano y formando parte de su grupo social.

ADAPTACION, ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

EL PRIMER DÍA DE ESCUELA INFANTIL

Comenzamos un nuevo curso en la escuela infantil Lapizitos, y lo hacemos con muchas ilusiones y nuevos proyectos.
Durante el mes de Septiembre, los papás y mamás, las profes y las niñas y niños nos iremos adaptando o readaptando a los nuevos horarios tras el periodo vacacional así como del regreso a las rutinas de la escuela.
Para muchas de nuestras alumnas y alumnos que ya están en su último curso de esta primera etapa de infantil, no supone ninguna adaptación el regreso a las aulas de infantil. Lo hacen llenos de ilusiones por volver a ver a sus compañeros de juegos y a las profes de Lapizitos.
Es para las más pequeñas y los más pequeños, para quien estos primeros días de escuela suponen un momento delicado. Por esto, desde Lapizitos queremos que las familias de las niñas y niños vivan la incorporación a las aulas como una oportunidad para el descubrimiento y  no como una obligación. Para ello, sugerimos que se le hable a la niña o al niño de lo bien que lo va a pasar en la escuela durante las horas que mamá y papá van ir a trabajar y que ambos (padres e hijos), están deseando reencontrarse con sus compañeros y/o conocer a otros nuevos que se incorporen a las aulas o los trabajos.
Hoy queremos ofreceros algunas pautas y trucos para hablar con vuestras hijas e hijos, ya que los primeros días son una “prueba de fuego” para todos y está dentro de la normalidad que el pequeño/a al incorporarse a la escuela los primeros días sienta desconfianza y sensación de abandono, por esto es importante que durante estos días de transición, las familias transmitan a la niña y al niño la idea de que la asistencia a la escuela es una oportunidad para descubrir y divertirse, para aprender nuevas cosas a través del juego y para relacionarse con otros niños y niñas de su misma edad.
Para ayudar a la niña y al niño en su periodo de adaptación,las educadoras de Lapizitos y en especial la responsable del aula que corresponde a cada alumno, harán de intermediarias entre el pequeño y su nuevo entorno, procurando que se sienta seguro mientras toma confianza con las profes y el medio.
Las familias (mamás, papás, abuelas,etc), deberán estar seguros de la decisión que han tomado de incorporar al pequeño a la escuela y transmitir esta confianza, tranquilidad e ilusión a sus hijos. De esta manera, favorecerá la adaptación del menor y el niño no percibirá ansiedad, miedo o desconfianza en la madre o padre al dejarle en el centro.
El momento de la despedida de la niña o el niño, es uno de los momentos más importantes para los primeros días de escuela. Por ello, hay que evitar llevar al niño en brazos si ya camina, o sujetar al niño entre brazos evitando que la educadora lo recoja. Es preferible que la mamá o el papá se desprenda del niño tranquilizándole en lugar de transmitirle su propia angustia por la separación.
Igualmente, es más acertado hablar con el niño o niña y explicarle que en la escuela se van a quedar con sus profes y que los familiares volverán a recogerle al finalizar la jornada escolar. Con esto, queremos decir que es preferible volver a hablar con el niño en el momento de despedirse, de manera que les tranquilice y les de seguridad, en lugar de marcharse a “hurtadillas” en un despiste del menor. Porque esto le frustrará por el sentimiento de abandono.
Es preferible que las palabras de despedida sean  breves y no alarguen el momento. Evitando por parte de la familia, el sucumbir ante los llantos o rabietas del menor.
Recordad: la familia de las niñas y niños, siempre ha de transmitir seguridad al menor.  La mamá, el papá o cualquier otro familiar a cargo del niño, debe ser más fuerte que él a la hora de la despedida. Si el niño siente desconfianza o miedo en su familiar, conseguiremos que el niño llore y no quiera desprenderse de los brazos que le traen a la escuela.
En Lapizitos, como somos una “escuela abierta”, las mamás y los papás, pueden regresar en cualquier momento tras el horario de entradas y ver al menor a tiempo real con la actividad que esté desarrollando. Incluso, pasado el periodo de adaptación, se facilitará el que algún familiar pueda participar en el aula realizando alguna actividad con los pequeños.
ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

PESADILLAS Y TERROR NOCTURNO

Alrededor de los dos años de edad, es frecuente que las y los menores despierten de su sueño nocturno llorando y asustados. Con frecuencia, la reacción de los padres suele ser de sorpresa y también de susto ¿qué le está pasando?.
Lo que le sucede, es algo muy normal en esta edad: han aparecido las pesadillas y ése primer sueño se manifiesta en la y el pequeño con agitación y gritos llamando a los padres.
A veces sucede, que cuando éstos acuden a la habitación para transmitirle calma, el menor no los reconoce  ¿qué le ocurre?, es la pregunta más reiterante en los padres. A este suceso, ocurrido en una fase de sueño profundo, es lo que se conoce como “Terror nocturno”.
Ambos casos –pesadilla/terror nocturno-, son inofensivos y no tienen consecuencias físicas ni psicológicas. La forma en que los padres deben enfrentarse a ellos y tratar de que las niños y los niños vuelvan a conciliar el sueño, es fundamental.
¿Cómo se distingue una pesadilla del terror nocturno?
Las pesadillas aparecen con frecuencia en el último tercio de la noche. En la llamada fase REM del sueño. Por el contrario, los terrores nocturnos normalmente pasan en la fase NREM, es decir, cuando el/la pequeña está más profundamente dormido y suelen suceder en el primer tercio de la noche.  El terror nocturno, no es un sueño desde el punto de vista técnico, sino una súbita reacción de miedo que tiene lugar durante la transición de una fase de sueño a otra.
Cuando sufren pesadillas, se calman ante la llegada de papá y mamá. Pero cuando sufre terror nocturno, la reacción es muy distinta: No reacciona llamando a los padres y aunque esté incorporado en la cama y con los ojos abiertos, no es consciente de la realidad y su respiración y ritmo cardiaco puede ser acelerado, sufrir sudoración y comportarse de manera muy alterada. A diferencia de las pesadillas, que se suelen recordar, al día siguiente los niños no tienen ningún recuerdo del terror nocturno porque estaban dormidos mientras ocurrió y no tienen imágenes mentales que evocar.
Cuando un menor sufre terror nocturno, es importante vigilarle para que no se haga daño con los objetos cercanos, pero sin despertarle de manera brusca. Estos episodios, suelen durar entre cinco y 10 minutos, después es probable que siga durmiendo con normalidad.  Por el contrario, tras una pesadilla, el menor necesita sentirse seguro.
Las niñas y los niños de alrededor de dos años, viven las pesadillas como algo real, y necesitan que sus padres les aseguren que solo ha sido producto de su imaginación. Las niñas y los niños que sufren terror nocturno, no son conscientes de nada y no va a recordar nada de lo vivido durante la noche.
¿Por qué se producen?
Para las pesadillas, los especialistas encuentran diversas causas, como por ejemplo el que el menor no duerma las horas necesarias o que el pequeño esté viviendo alguna situación estresante por algún cambio -aunque éste sea mínimo-, en sus rutinas. A veces, también suceden porque han visto alguna escena que le ha impactado en la televisión. En ocasiones aparecen con el nacimiento de un hermano, un cambio de domicilio y/o discusiones entre los padres o divorcios.
Las pesadillas no se pueden prevenir, lo único que podemos hacer es vigilar su entorno y mantener sus rutinas fijas todo lo posible.
Sin embargo, para los terrores nocturnos, todavía los especialistas siguen buscando causas. Aunque ya hay profesionales que creen que hay una base genética importante para  estos casos, pero lo cierto es que aún no existe una explicación aceptada por todos los profesionales médicos que nos aseguren qué tipo de causas los producen aunque se han descrito casos en los que los niños estaban muy cansados, enfermos, tomaban un medicamento nuevo o dormían en un entorno diferente al habitual.
Los terrores nocturnos son relativamente poco frecuentes, mientras que prácticamente todos los niños tienen alguna pesadilla de vez en cuando. Los terrores nocturnos son más frecuentes  en niños de entre cuatro y doce años, pero se han descrito algunos casos en niños de solo 18 meses. Otro dato, es que parecen ser un poco más frecuentes en los niños que en las niñas.
Un niño puede tener un episodio de terror nocturno aislado o varios antes de que este tipo de episodios desparezcan por completo. La mayoría de las veces los terrores nocturnos desaparecen solos conforme va madurando el sistema nervioso.
Lo que sí sabemos, es que tanto las pesadillas como los terrores nocturnos en los menores de dos años, desaparecen poco a poco sin necesidad de una intervención de especialista. Y que, en la mayoría de los casos, alrededor de los seis años de edad, dejarán de sufrirlas.
¿Qué hacer cuando nuestra hija/o sufre pesadillas o terror nocturno?
Tras una pesadilla, los padres deben calmar al pequeño y lograr que vuelva a conciliar el sueño de nuevo. Deben mostrar paciencia, pues tras un episodio de pesadilla, el niño quedará muy intranquilo y podrá tardar en dormirse de nuevo debido a la angustia que ha sufrido.
Los especialistas nos recomiendan seguir estos pasos:
Preparar una silla junto a la cama, pero si el niño lo necesita, sentarse en principio sobre la cama del menor, incluso apoyándose en el cabecero si fuera necesario, para transmitir más seguridad al niño con la cercanía del padre.
Explicarle con voz sosegada que todo ha sido un sueño y que nada ha pasado en realidad, que los papás estaban durmiendo igual que él, y que siempre están atentos a sus necesidades para acudir cuando él los llama.
Poco a poco, irse trasladando a la silla pero de modo que el pequeño siga sintiendo la cercanía y la presencia de la madre o el padre.
Por último, según los especialistas, se debe ir retirando la silla progresivamente hasta que por fin alcance la puerta. Mientras, la voz tranquila y reconfortante del padre o madre, habrá conseguido calmar al pequeño para vuelva a reconciliar un sueño tranquilo.
Si por la mañana el niño recuerda la pesadilla, hay que intentar explicarle por qué ha sido irreal e intentar darle un final feliz a su mal sueño. De este modo, el niño acabará por no sufrirlas o, su reacción ante ellas será más tranquila.
Si estos episodios se repiten con frecuencia, conviene repasar sus vivencias diarias para ver dónde pueda estar la causa.
Cuando el niño sufre terror nocturno, además de acudir a su lado y pese a lo mucho que puede alarmar a los padres, que suelen sentirse impotentes al no poder consolar a sus hijos, una buena táctica  ante un terror nocturno es esperar pacientemente a que pase y asegurarse de que el niño no se hace daño al agitarse. Generalmente los niños se tranquilizan y vuelven a la placidez del sueño al cabo de pocos minutos.
Es mejor no intentar despertar al niño durante un terror nocturno. Esos intentos no suelen funcionar y, en el caso de que funcionen, lo más probable es que, al despertarse, el niño se sienta desorientado y confundido, por lo que probablemente le costará más tranquilizarse y volver a conciliar el sueño. Y al no recordar lo sucedido al día siguiente, no es necesario ni siquiera mencionarles el tema, ya que para él, no ha existido.
No obstante, siempre es aconsejable consultar estos episodios con su pediatra, sobre todo cuando:
·         El niño sufre alguna convulsión durante el episodio, con rigidez o sobresaltos.
·         El episodio dura más de 30 m
·         El niño se muestra angustiado en sus actividades diarias
Fuentes:
Kidshealth from Nemours
https://kidshealth.org/es/parents/terrors-esp.html
Babycenter
https://espanol.babycenter.com/a7400009/terrores-nocturnos-por-qu%C3%A9-ocurren-y-qu%C3%A9-hacer-al-respecto
Asenarco Asociación Española del sueño
http://asenarco.es/terrores-nocturnos/
Muy saludable-Sanitas
http://muysaludable.sanitas.es/padres/sonambulismo-terrores-nocturnos-pesadillas/
Bebes y más
https://www.bebesymas.com/salud-infantil/parasominas-infantiles-terrores-nocturnos-en-los-ninos
MI bebé y yo
https://www.mibebeyyo.com/bebes/salud-bienestar/sueno/pesadillas-terrores-nocturnos-4332

ARTICULOS, NUESTRA ESCUELA

¡FUERA VIRUS!

Cada año, al comenzar  el otoño, los primeros virus llegan a la escuela dispuestos a quedarse a pesar de no haber recibido invitación alguna.
A continuación, vamos a hablar de los dos virus que producen las infecciones más comunes en las Escuelas Infantiles en los últimos años: la gastroenteritis y el “boca-mano-pie”.
LA GASTROENTERITIS
Cuando observamos en nuestros alumnos,  la aparición de episodios de diarreas, malestar e inapetencias a la hora de comer, nos hace sospechar que tal vez pueda estar incubando un proceso de gastroenteritis.
La gastroenteritis, es una infección de estómago e intestino que se manifiesta sobre todo con náuseas, vómitos y diarrea (deposiciones blandas o líquidas muy frecuentes). Además de estos síntomas, esta infección causa dolor de tripa, cólico con retorcijones, inapetencia, malestar general y en ocasiones, fiebre más o menos alta.
Para prevenir la gastroenteritis hay que extremar la higiene:
          Usar guantes para cambiar al niño
          Desinfectar el cambiador
          Lavarse las manos después de ir al baño
          Dejar los pañales sucios en recipiente cerrados
Para tratar esta enfermedad se aconseja:
          Consultar  con su médico siempre que en el niño aparezcan vómitos y diarrea
          Cuando el pequeño no tolera los líquidos y está decaído, hay que aportarle el agua y la sal que pierde a través de los vómitos y las diarreas
          Evitar los alimentos grasos (carnes rojas, embutidos, etc.) y dulces (chocolate, pasteles, bollería, etc.).
EL “BOCA-MANO-PÍE”
La infección por este virus y otros gérmenes de la misma familia es una enfermedad común y muy contagiosa. La mayoría de las veces, la infección comienza en la garganta y después se propaga a otras partes del cuerpo, llegando a causar un exantema de manos, pies y boca en la mayoría de los casos.
Afecta sobre todo, a niños menores de cinco años, pero también pueden contagiarse personas adultas. Las vías de transmisión de la enfermedad boca mano-pie son la aérea, a través del contacto directo con una persona que posea el virus, o a través de las heces.
El niño afectado, puede contagiar a otros a través de pequeñas gotitas de aire que libera al estornudar y/o toser, así como al tocar utensilios de uso común como los juguetes.
Algunos de los síntomas que suelen aparecer son:
          Dolor de garganta
          Fiebre y malestar general
          Aparición de ampollas en la boca, en las manos y en los pies y, a veces, en otras partes del cuerpo que son rozadas por el pañal, como los genitales o las nalgas.
Para prevenir la enfermedad es aconsejable:
          Lo más efectivo es mantener un buen hábito de higiene, lavando las manos con agua y jabón, especialmente después de ir al cuarto de baño.
          Para reducir los riesgos de contagio es recomendable desinfectar con frecuencia las superficies y los objetos que usen los niños de forma habitual, incluyendo los juguetes.
          Evitar aproximarse a personas que tengan el virus porque es altamente contagioso.
Tratamiento de la enfermedad:
A los primeros síntomas, hay que consultar con el pediatra  y que sea él quien aconseje cómo tratar la infección.
Ante la inquietud por estos virus tan comunes, y dado que los niños están con otros compañeros de la misma edad, desde la escuela infantil debemos recordar a los padres que cuando un niño comienza  con episodios de diarreas y/o vómitos,  malestar, fiebres y/o exantema, tiene que ser llevado al pediatra y que el doctor, tras su observación, es quien debe elaborar un informe declarando que el niño puede asistir a la escuela sin riesgo de contagiar a sus compañeros  y/o a sus profesoras.
ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

GESTIONAR LAS RABIETAS

¿Cómo puedo afrontar las rabietas de mi hijo?
Los llantos, patadas y  gritos que conllevan una rabieta, puede llegar a  ser de lo más frustrante para los padres. Pero, no las mires como si fueran  pequeños desastres, lo mejor, es  ver en ellas una oportunidad para educar.
La rabieta, según nos dice la psicóloga Elena Fernández, “es una forma inmadura de expresar desacuerdo. Si cedes a sus demandas, cada vez que sea contrariado  recurrirá a ellas, por eso también le sucede en la escuela. Está aprendiendo a no ser eficaz en la resolución de conflictos y conviene cambiar pautas porque la madurez para afrontar su desacuerdo se va ganando cuando sepa de qué otras formas puede hacerlo (aprendiendo conductas alternativas).”
Ante esto, la labor de los padres y educadores es no perder la calma.
¿Por qué mi hijo de 20 meses tiene rabietas?
Las rabietas son frecuentes alrededor del  segundo año de vida. Coincide con la edad en la que la mayoría de los niños desarrollan  sus habilidades lingüísticas y están aprendiendo a conocer y controlar sus emociones.
Debido a que estos pequeños  aún no pueden expresar sus sentimientos y emociones  con palabras,  es normal que cualquier experiencia frustrante para ellos,  les provoque una rabieta. Conforme van mejorando sus habilidades lingüísticas, sus rabietas tienden a disminuir.
Hay que comprender que entre 1 y 3 años, los niños desean más independencia para explorar el entorno que les rodea, pero los padres y educadores, sabemos que aún no son capaces de asumir el control sobre  ése mundo por experimentar. Y la lucha por el poder mientras el niño cree que puede hacerlo solo, o cree que puede tener lo que desea y el descubrimiento de que no lo pueden hacer,  o no lo puede tener, es lo que desencadena las rabietas.
Estas rabietas van desde los llantos, gritos, golpes y patada hasta llegar a aguantarse la respiración. Y como hemos dicho antes, son frecuentes a la edad entre 1 y 3 años.
Los padres y educadores deben ser conscientes de que las rabietas son absolutamente normales en el desarrollo infantil y que es la manera que tiene el niño para mostrar su malestar o, como hemos dicho ya, su frustración.
A menudo, las rabietas ocurren cuando los niños tienen hambre, están muy cansados, o, como hemos visto,  cuando no pueden conseguir algo (bien sea un objeto, una acción o simplemente, la atención de un adulto) que desean. Aprender a afrontar la frustración es una habilidad que los niños desarrollan en la medida que crecen y adquieren la capacidad de conocer y controlar sus emociones.
Algunas sugerencias y técnicas para afrontar una rabieta
Aquí os mostramos algunas sugerencias e ideas que pueden ayudar a los adultos para afrontar y educar a través de las rabietas y qué podemos hacer para intentar evitarlas.
          Si hay cuestiones de seguridad implicadas y/o Si el niño os intenta pegar o tirar objetos,  su tu hijo repite la conducta prohibida después de que se le haya dicho que deje de hacerlo, sugerimos que le sujetéis entre vuestros brazos con el fin de que no  se lastime así mismo ni a nadie. Una vez en vuestros brazos, hablarle con tranquilidad hasta que se vaya relajando. En este momento, no te va a ser posible  razonar con él hasta que su enfado no se calme. Pero el contacto y la voz suave ayudarán a que se relaje y el niño entienda que hasta que no se calme permanecerá así.  Si aún así, no conseguimos calmarle, utilice la pausa obligada o “tiempo fuera”  durante unos cortos minutos. Sea consecuente y no ceda nunca, sobre todo en los temas de seguridad.
          Distrae a tu hijo. Cuando algo fuera de su control haya llamado su atención, ofrécele  otra cosa distinta a la que reclama y que no puede tener. Empieza por una nueva actividad que sustituya a la que le llevará a la frustración y por consecuencia, a la rabieta.  O cámbiale de espacio saliendo del lugar donde estén y entrando en otro donde distraiga su atención sobre lo prohibido.
          Cuando el niño te pida algo, considera su petición. ¿Es excesiva?,  quizá pueda no ser para tanto. Elije bien las batallas que quieres o puedes lidiar y adapta tus actividades a la edad del menor.
          Concede a tu hijo el control sobre pequeñas cosas. Permítele aprender a elegir cosas de poca importancia, como “¿qué prefieres, zumo de naranja o una manzana?”  O por ejemplo: “¿Prefieres ponerte el pijama ahora, o al irnos a dormir?”. De este modo, evitarás preguntas del tipo «¿Quieres tomar un zumo de naranja ahora?», lo que inevitablemente llevaría aparejado como respuesta un «no».
          Aprende a conocer los límites de tu hijo. Si sabes que tu hijo está cansado, podría no ser el mejor momento para ir al supermercado con él ni para hacer recados en lugares donde puede llegar desencadenarse  una rabieta
          Pon siempre mucha atención positiva sobre tu hijo. Aprende cómo identificar y reconocer los momentos en los cuales tu hijo se porta bien y recompénsale con atención y elogios ante estos comportamientos.
          Favorece las ocasiones para que  tu hijo aprenda nuevas habilidades que le ayuden a eliminar las rabietas.  Ofrécele herramientas para que prenda a hacer cosas nuevas. Elógialo para ayudarle a sentirse orgulloso de lo que es capaz de hacer. Empieza siempre por pequeñas cosas que él pueda hacer  y avanza poco a poco hacia tareas más complejas.
Recuerda…
          Ante una rabieta, lo más importante es mantener la calma. No lo compliques con tu propia frustración o enfado. Recuerda que tu tarea consiste en ayudar a que tu hijo aprenda a calmarse. Por lo tanto, no entres en  un enfado contra el niño. Tu comportamiento antes estas situaciones, será el ejemplo a seguir por tu hijo. Muéstrale comprensión y dale ejemplos de que hay  algunas cosas que te enfadan mucho, otras un poco y otras muy poco para que él vaya aprendiendo que hay puntos intermedios; enséñale que cuando está enfadado tiene su derecho a estarlo pero no puede pegar, contestar de mala forma…, sin embargo puede jugar a otra cosa, distraerse, dibujar su enfado…. hasta que se le pase…
          Nunca le castigues negativamente, recuerda que un azote transmite al niño el mensaje de que la fuerza y el castigo físico es una conducta adecuada y podría traer consecuencias de comportamientos negativos en el futuro del menor. Ejerce tu auto-control para controlar la rabieta de tu hijo.
          El niño está aprendiendo, cuando algo no le gusta se enfada, cuando algo le gusta se pone contento; esto es correcto y está bien hasta que interfiere en su relación con los demás o su respuesta es exagerada. En ese momento es importante que no pierda el cariño de las personas de su alrededor, que se sienta comprendido y que su conducta sea  guiada hacia lo positivo. Por ejemplo:  si está muy enfadado para que se le pase la rabieta, guíale diciéndole que te puede dar un fuerte abrazo, que puede correr, que puede pensar en otra cosa, hacer un dibujo. Al principio no lo hará y es posible que no quiera ni escucharte, pero si cada vez que se enfada le guías hacia conductas positivas, él irá aprendiéndolas.
          Por las noches, puedes enseñar al niño a​ relajarse llenando su tripita de aire con un ejercicio sencillo como tomar el aire por la nariz y echarlo por la boca. ES una actividad que además de relajarle, le gustará porque será un momento compartido entre ambos. Además, antes del ejercicio, podéis hablar sobre lo que os ha enfadado a cada uno durante el día y cómo habéis afrontado vuestro enfado. Ésta práctica nocturna antes de dormir, también ayudará a su autorregulación.
          Dependiendo de cuál sea la causa que ha desencadenado la rabieta,  la podemos manejar de distintas maneras. A veces, solo necesitaremos mostrar consuelo y afecto al menor, pero en otras ocasiones,  lo mejor puede ser ignorar la rabieta y distraer a al niño con actividades nuevas. Si el niño está cansado o tiene hambre, lo mejor es que se eche una siesta o que se tome un tentempié. Si la rabieta ocurre porque el niño no puede conseguir algo que quiere, mantén la calma y no des muchas explicaciones sobre los motivos por los cuales no puede tener lo que desea. Intenta buscar otra cosa que sí pueda tener.
          Ten siempre en cuenta, que los niños que pueden llegar a dañarse  a sí mismos o a los demás durante una rabieta, se deben llevar a un lugar tranquilo y silencioso para que se tranquilicen. Esto también es aplicable a las rabietas que ocurren en lugares públicos.
          Los niños en edad preescolar y escolar tienen más probabilidades de utilizar las rabietas para salirse con la suya si han aprendido que este comportamiento funciona. Una vez los niños empiezan a ir a la escuela, es adecuado enviarlos a su cuarto para que se tranquilicen.
          En lugar de establecer un límite de tiempo específico, dígale a su hijo que se quede en su habitación hasta que recupere el control. Esto les otorga cierto poder (los niños pueden modificar el resultado por medio de sus propias acciones), de modo que recuperan la sensación de control que habían perdido durante la rabieta. De todos modos, si «la pausa obligada» (o tiempo fuera) se debe a una conducta negativa (como pegar), aparte de a la rabieta, establezca un límite de tiempo.
          Para que los episodios de rabietas sean menos frecuentes, asegúrate de que tu hijo esté durmiendo lo suficiente. Cuando un niño no duerme lo necesario, puede presentar hiperactividad, mostrarse antipático, irritable e incluso, presentar conductas extremas. El hecho de que duerma lo suficiente puede reducir de forma considerable sus rabietas. Las necesidades de sueñode la mayoría de los niños caen dentro de unos márgenes basados en la edad, pero no olvides que cada niño tiene sus propias necesidades de sueño específicas.
          Las rabietas no suelen ser un motivo para preocuparse y suelen desparecer por sí solas. Conforme los niños maduran, ganan auto-control. Aprenden a cooperar, a comunicarse y afrontan mejor la frustración. Menos frustración y más control equivale a menos rabietas.
Al recuperar la Calma
          Recuerda que los niños pueden llegar a sentirse especialmente vulnerables después de una rabieta, porque saben que su conducta no ha sido la adecuada. Cuando el niño ha recuperado la calma,  será el mejor momento de darle un abrazo que le tranquilice y hacerle sentir que se le sigue queriendo.
          No recompenses la rabieta de tu hijo cediendo ante sus peticiones. Con ello le demostrarías al niño que la rabieta funciona. La mejor actitud, es  elogiarle  verbalmente por haber recuperado el control.
Libros para trabajar las rabieta
«Qué puedo hacer cuando… Estallo por cualquier cosa». Un libro para ayudar a los niños a superar sus problemas con la ira. Dawn Huebner
«Cuando me enfando» de Michaelene Mundy. Un libro para que los niños entiendan lo que les sucede.
ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

¿CÓMO HACER QUE COMPRENDAN NORMAS CON 1-3 AÑOS?

Marcar los límites y hacer que los niños respeten y asuman las normas es muy importante para su desarrollo emocional, afectivo y social, ya que la disciplina no está reñida con el cariño y el afecto.
​​​​Las mamás y los papás, nunca deben afrontar con dudas o miedo la imposición de unas normas y unos límites a su pequeño. No deben sentirse culpables, ni pensar que el niño  se va a traumatizar por ello ni a interpretarlo como una falta de cariño por parte de sus progenitores. Todo lo contrario. El niño para sentirse seguro necesita sentir a la vez, a sus padres fuertes ante los retos que él debe ir superando.
Ser unos padres fuertes no debe interpretarse como unos padres severos, ya que imponer límites y normas nunca conlleva el ser severos con los hijos, sino consecuentes a la sociedad donde el niño debe integrarse y desarrollarse  como persona, y a la vez, es un intento de hacer comprender al niño la necesidad de respetar las normas para tener una convivencia pacífica, solidaria y respetuosa con su entorno tanto social como natural.
Las normas se aprenden y asumen comprendiendo el límite de cada acto con la reacción de los demás.
Por ejemplo: ¿Es inquieto en la mesa a la hora de alimentarse? Aunque entre los 1 y 3 años, es pronto para enseñarle «buenas costumbres», no lo es para limitar ciertos comportamientos cuando come:
          ¿Quiere coger él solo la comida con la cuchara y al no coordinar bien, lo tira todo por la mesa? Este es el mejor momento, para que los papás establezcan sus reglas a la hora de comer. Por ejemplo, se ha de estar tranquilo, con las mirando para el plato, con las manos en la mesa y atendiendo cómo hay que utilizar los cubiertos. Hay que procurar no mancharse,  limpiarse con la servilleta tras comer y coger el vaso de agua con cuidado de no verter sobre él o la mesa, el agua… Todo esto es un clásico para hacer comprender las reglas a la hora de la comida. Y la mayoría de las veces, es una dura prueba para los padres que deben llenarse de paciencia.
Pero…¿Cómo hacerlo? Con tranquilidad, sin gritos ni castigos; pero con el firme propósito de que, hasta que no haya acabado la papilla, el pequeño no podrá bajar de la silla ni jugar con su cochecito o cualquier otra cosa que desee hacer mientras come.
Pero estar sentado a la mesa, no significa que haya que estar serios o enfadados, y por supuesto, no significa que no se deba reír y pasarlo bien. De hecho, la hora de la comida ha de ser un momento para el encuentro y disfrute de los comensales. Por lo que, si hay que cantarle canciones mientras come o se le da de comer, por supuesto que no anulan el efecto que quieres conseguir ya que el juego es una de las mejores herramientas para mostrar y hacer comprender las reglas a los más pequeños. Lo más normal, es que en cada juego tenga sus reglas y se basen en unas normas.
          ¿No quiere acostarse a su hora de dormir?  Los padres deben saber de la importancia para el niño de unas horas de descanso para el sueño, y que la transgresión de un horario no debe convertirse en una costumbre.
Un buen método para que el niño comprenda la norma de ir a descansar a su hora cada noche, es ofrecerle pequeños rituales que le ayudaran a dormir: contarle un cuento cuando está en la cama, cantarle una canción, arroparle y darle un beso de buenas noches, etc. Pero ¡ojo!, siempre haciéndole comprender que será un solo cuento, o una sola canción, o la regla que cada padres crean más favorable para la consecución de los objetivos: que el niño comprenda que es la hora de dormir y que este momento también tiene sus reglas. Por lo que, si una vez contado el cuento, etc, no se consigue convencerle, se hace necesario apagar la luz sin ningún tipo de duda y tomar una postura determinada e inflexible. Aunque suponga para los padres, volver a llenarse de paciencia y perderse su programa preferido de TV o postergar su propio trabajo para más tarde. Pero nunca se debe consentir que el niño salga de la cama y vuelva a jugar o ver la TV con los adultos.
ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

MI NIÑO MUERDE

En torno al primer año de vida, el niño experimenta muchas sensaciones y emociones nuevas, como la de aprender a relacionarse y comunicarse con sus semejantes y aprender a situarse en su entorno más inmediato.
Su actitud a esta edad, debe tenerse en cuenta siempre dentro de su propio contexto.
Puede ser traumáticoque te digan que tu hijo mordió a otro niño o sentir cómo te hinca los dientes a ti. Pero este comportamiento es bastante habitual a esta edad.
Los niños muerden cuando  no son capaces de manejar una situación y se sienten enojados o frustrados o bien pueden morder porque alguien les mordió a ellos. A esta edad, los mordiscos se suelen producir durante una pelea, cuando se sienten agobiados o cuando temen que les vayan a quitar algún juguete.
Saber que los mordiscos son algo común no es suficiente para que los padres se sientan tranquilos. No sólo porque nos disguste el hecho de que nuestro hijo muerda a alguien, sino porque los padres del otro niño pueden disgustarse mucho y la escuela puede tomar medidas disciplinarias.
Lo más importante es saber que los niños no quieren atacar. Prefieren jugar, explorar y disfrutar con sus amigos. Comprender lo que hay detrás de su comportamiento es el primer paso para conseguir que tu hijo no adquiera este mal hábito.
Como hemos dicho, las actitudes agresivas en los niños de esta edad, tales como los mordiscos, forman parte de su aprendizaje. Esto no quiere decir que tanto los padres como sus educadores, se tomen este hecho a la ligera o que no actúen de inmediato para corregir al niño sino todo lo contrario: Hay que poner límite a cualquier actitud agresiva en el niño, eso sí, sin añadirle más importancia de la que tiene.
Los educadores y los padres de un niño que muerde o de un niño que ha sido mordido por otro, han de saber que no existe intención de hacer daño.
Entre el primer y el segundo año de edad, el pequeño no se da cuenta de lo que está haciendo y aún no es capaz de dosificar la energía de sus reacciones. Por esto hay que estar pendiente de ellas para imponerle límites y hacerle comprender  que debe abandonar la actitud de herir a otros niños.
​​​​Los papás no deben tener miedo a imponer ​unas normas y unos límites al niño. No deben sentirse culpables, ni pensar que el pequeño se traumatizará o lo interpretará como falta de cariño.
Para corregir el ímpetu de morder, una buena herramienta es la de “distraer” a los dos pequeños implicados, ofreciéndoles una buena alternativa sobre la que concentrarse y explicarles que ése comportamiento no está bien de manera firme y decidida, sin reírle la gracia al comportamiento, haciendo ver al agresor, el daño que ha causado a su semejante, y siempre teniendo en cuenta la capacidad de comprensión del niño. Cuando la actitud es reiterativa, quizá haya que hacer comprender los límites imponiendo las normas. Para ello hay que tener en cuenta:
  • El adulto siempre ha de conservar la calma, aunque la situación sea tensa. No es conveniente «perder los nervios». Primero, separa a los niños y asegúrate de que estén lo suficientemente tranquilos como para no intentarlo de nuevo.
  • Ayuda a ambos niños. Tanto el niño que muerde como el mordido lo necesitan. Primero revisa el daño y hazlo con cariño y calma. No mostrarse frio o distante con el niño que mordió, lo ayudará a sentirse seguro para expresar sus sentimientos sobre morder y sobre lo que lo llevó a morder. Cuando se hayan calmado, comenta con los niños lo que ha pasado, escoge un momento tranquilo para preguntar: “¿Cómo puedes hacer que otra persona sepa que estás enojado sin lastimarla?” y “¿Cómo puedes pedirle ayuda a un adulto cuando no te gusta como te tratan otros niños?”
  • Dile de forma sencilla y directa que morder duele y que no se hace. Aunque te sientas tentada de explicarle lo serias que han sido sus acciones, hay que evitar la dureza en los castigos y no dejar de lado al niño que ha mordido. Podría aparentar que no le importa lo que hizo, o como que no se da cuenta de que le ha causado dolor al otro niño. Pero lo más probable es que en realidad sepa muy bien lo que ha sucedido.
  • Pon en práctica pequeñas escenas para abordar estas situaciones (“Ahora tú finge ser Marta, una amiga de la escuela infantil, y quítame mi juguete”). Es posible que aprenda algunas frases que puede usar más adelante (“¡No! ¡No me gusta!”). Muchos niños en edad preescolar muerden una vez, piden ayuda a un adulto y nunca vuelven a morder.
  • Si los papás establecen unas normas, es muy importante que se hagan explícitas, es decir, que el niño sepa exactamente qué es lo que se espera de él.
  • Ten siempre una actitud amorosa hacia tu hijo. Esto puede ser difícil cuando estás evitando que muerda. Pero recuerda cuánto amas a tu hijo, de esa forma puede que se sienta seguro para explicarte porqué se siente triste o enojado. Es posible que tengas que intervenir muchas veces antes de que logre dejar su impulso de morder.
  • Si la actitud se mantiene y es necesario reprender, recuerda que los castigos han de tener una duración limitada. No es útil prolongarlos, ya que pueden causar ansiedad en el pequeño. Si se utiliza el “tiempo fuera”, el niño no debe ser separado del grupo más de 1 minuto por año de edad.
  • El tiempo fuera, no significa sacarle de la misma habitación donde se está, y de ninguna manera, significa dejar solo al niño, sino apartarle a un lado del grupo de tal manera que vea que los demás siguen con su actividad y él no participa en la misma por su actitud y que es esta lo que debe modificar. De este modo, también conseguimos que el límite impuesto, sea reconocido por todos los niños del grupo y entiendan el mecanismo acción-reacción.
  • Al finalizar los minutos de tiempo fuera, se recibe al niño de nuevo en el grupo con una actitud positiva por parte del adulto. Dando por hecho en voz alta, que el niño se va a portar bien a su regreso.
  • Reforzar las conductas positivas.A esta edad, los niños generalmente disfrutan en hacer amistades. El morder generalmente para alrededor de los 2-3 años, cuando el lenguaje y las habilidades sociales de los niños están más desarrolladas. Fortalece la inteligencia emocional de tu pequeño alabando el buen comportamiento que le ayudar a hacer nuevos amigos y a conservar los que ya tiene.

La mayoría de padres tiende a prestar mayor atención a las conductas negativas de sus hijos, porque son las que molestan y llaman la atención. Pero no debemos olvidar que el refuerzo positivo es más educacional para el niño, dado que le motiva más a los buenos hábitos.

ARTICULOS, ESCUELA DE PADRES

¡ADIÓS, PAÑAL!




Abandonar el pañal y empezar a utilizar el orinal o el baño, es un gran reto para los más pequeños de la casa.

Sin embargo, con  la llegada de la primavera y/ o el verano,  las mejores temperaturas facilitan este proceso al evitar enfriamientos innecesarios.

Y aprovechando el periodo vacacional a continuación damos unas pautas para llevarlo a cabo:

El niño no debe vivir el cambio como una imposición. Tampoco tiene sentido el preguntarle demasiado frecuentemente, si desea ir al orinal. Lo ideal es pautar sus encuentros y hacerlos rutina. Por ejemplo, sería interesante acostumbrarle a estar sentado unos minutos en orinal:

  • Al levantarse por las mañanas
  • Después del desayuno (aprovechando el momento en que los intestinos se ponen en marcha)
  • Tras volver del parque o de la playa
  • Antes de comer
  • Antes de ir a la siesta
  • Antes de salir de casa por la tarde
  • Al regresar del paseo
  • Después de cenar
  • Antes de acostarse
Fuera de estos momentos rutinarios, podemos decirle al niño que nos avise si siente que necesita ir al baño.
Debemos recordar, que el control de los intestinos se suele adquirir antes que el de la vejiga.  Y que por tanto, en la mayoría de los casos, es probable que el niño siga haciéndose pis durante el sueño. A veces incluso, hasta pasados los 4 años. No debemos darle más importancia de la necesaria.
Recordad siempre que el niño ha de estar motivado,  satisfecho y orgulloso de su propio reto.
Para nutrir esta motivación, sugerimos premiarle y nunca regañarle. Incluso cuando existan momentos de regresión o estancamientos por diversas causas. Tampoco hay que mostrar indiferencia sino animarle en la consecución de su objetivo. Para ello hay que hacerle comprender siempre desde un clima familiar tranquilo y tolerante, que abandonar el pañal es algo inevitable y natural por su crecimiento.
El trabajo personal  que desarrolla el niño con el control de sus esfínteres, es un esfuerzo que ha de ser valorado. De aquí lo acertado de premiar al niño a modo de recompensa por su logro. Estos premios, deben ser “pequeñas recompensas”, como por ejemplo su fruta preferida, una salida a los columpios que más le gustan, etc. Lo interesante es que el niño reciba como feedback un “tú puedes lograrlo”.
Los papás y mamás, nunca deben mostrarse impacientes por retirar el pañal al niño. Deben esperar con paciencia a que el pequeño se encuentre en el momento madurativo más adecuado. Y este es, cuando el niño se hace consciente de que moja o ensucia el pañal. Este es el momento ideal para dar la bienvenida al orinal.
CLAVES PARA QUITAR EL PAÑAL:
Momento para abordar el cambio: El paso de un comportamiento reflejo automático al control de esfínteres como conducta voluntaria se puede abordar alrededor de los dos años. Pero tampoco se debe fijar en esta edad, ya que dependerá de la individualidad de cada niño. Decir adiós al pañal, es un proceso que requiere tiempo y una adecuada labor educativa. Hay que trabajar la atención, el lenguaje, motivar el interés por el aprendizaje, instar el conocimiento del esquema corporal, etc.
Condiciones psicológicas para que el cambio sea un éxito: El control de esfínteres es el resultado de un proceso madurativo en todos los órdenes, cognitivo, fisiológico y emocional . Según la Maestra infantil y Psicóloga: Marisa Moya: “Al ser un acto consciente, exige que el adulto conozca qué va a pedir, a quién se lo va a pedir y cómo se lo vamos a pedir” (Revista familia, padres e hijos -2013-).
No hay que olvidar la importancia de respetar los ritmos de cada niño, así como sus necesidades y sobre todo, el haber adquirido un desarrollo cognitivo que le permita establecer la comunicación verbal para comprender y saber utilizar las palabras necesarias vinculadas al control de esfínteres. Así como su capacidad para imitar, apreciar las sensaciones y sentirse interesado en su aprendizaje al sentir la conexión de estar “seco” con la sensación de “ser agradable”.
A nivel afectivo, el cambio  va a suponer un gran ejercicio de responsabilidad y a la vez, de independencia ,  de toma de conciencia.  Y este hecho, va a tener que ver mucho con la manera en que el niño percibe que es afrontado por los padres.  Según Moya, “los padres debemos concienciarnos en: Respetar y valorar su espacio, proteger su iniciativa. Propiciar las oportunidades  para afrontar el cambio.  Si actuamos así, el niño está preparado emocionalmente porque este es un escalón más en el aumento de la confianza en sus capacidades”.
Cómo convencer al niño: Los niños de dos años viven en la contradicción entre la absoluta dependencia del adulto y la incipiente necesidad de autonomía para poder llegar a alcanzar su individualidad. Su cotidianeidad discurre entre los impulsos que necesitan satisfacción inmediata, los afectos, pero también, las prohibiciones externas (control, vigilancia, censura). En este entorno el adulto debe convertirse en un gran estratega de la imaginación y la motivación para hacer del control de esfínteres un reto atractivo y placenteroy no una tarea tediosa y aburrida.
Algunas recomendaciones:
                 —Involucra  al niño en el proceso, házle partícipe. Se trata de sembrar cooperación y colaboración, la  imposición a esta edad es un mal recurso educativo.
                —Comunícate con él adecuadamente, interpreta sus señales sin olvidar que su lenguaje no este   perfeccionado. Utiliza el mejor lenguaje de los chicos pequeños, el del juego. Se creativo y ayúdale a canalizar  sus inseguridades y temores. Otro gran aliado es el cuento.
—No tengas urgencia por poner solución inmediata, utiliza el error como oportunidad para aprender. Enséñale que lo que importa es la voluntad y el esfuerzo, el logro no siempre es tener éxito.
—No pierdas de vista al niño, que su finalidad no le impida reconocer los sentimientos. Enséñale a reconocerlos.  Recuerda que lo conocido es lo cómodo, vivirá momentos de sentimientos encontrados (dar gusto al adulto, volver a la seguridad del pañal). Es el apoyo emocional de los padres el que impulsa y alienta la confianza del niño. Poco a poco irá ampliando su abanico de respuestas positivas hacia el aprendizaje.
              —Mira y mide sus gestos y déjale clara tu disponibilidad para acompañarle.
Qué cosas NO hay que decir bajo ninguna circunstancia:
—No utilices nunca el castigo, es humillante para el niño
—Cuida el lenguaje para comunicarte con él. Valora siempre lo que hace, no caigas en la  tentación de confundirle.  “Un niño que se moja, ha tenido un escape, no es un niño sucio”.
—Cuando muestre poca disposición o esté inmerso en un conflicto de ira, no actúes, espera que remita, no entres en lucha de poder y después dialoga. Recuerda que un niño que se expresa con rabieta no sabe hacerlo de otra manera. Los padres sois su fortaleza, dale aliento en los intentos y apoyo en los momentos confusos, ayúdale  a superar las dificultades, no seas el primero en mostrar desconfianza ni tirar la toalla.
—Evita las prisas y la impaciencia. Intenta que no afloren ni en lo que dices, no te muestres exigente.
—Y recuerda, que la falta de constancia desorienta a los niños.


Cómo hablar al niño: La actitud del educador, el apoyo, las expectativas y la capacidad que se tengan para transmitir confianza son buenas actitudes que pueden servir como hoja de ruta para el acompañamiento verbal y afectivo con el cambio a realizar. Recuerda:
—Ve siempre con calma, sin prisas pero sin pausa.
—Planifica con orden y esmero. Busca su complicidad.
—Evidencia tu disponibilidad generosa y atenta (observar, escuchar, acoger).
—Se coherente y estable (somos referente y modelo).
—Utiliza una actitud positiva y comprensiva.
—Ayuda a ir un poco más allá “la educación para que sea desarrollo debe implicar reto, el proteccionismo suele ser atrofiante”.
—Muéstrate siempre accesible, tolerante y firme.
—Es el adulto el que al principio dota de sentido y razones a lo que el niño hace “desde lo sensoriomotor a lo  intelectual y la reflexión” Según Moya.
Se acerca la fecha de comenzar el colegio y aún no hemos conseguido un buen control de esfínteres. Si no se ha logrado, no se debe forzar al niño, el aprendizaje debe ser un proceso motivador, satisfactorio y placentero.
Los colegios deben dar una respuesta adecuada a la diversidad de ritmos en el desarrollo.
Las ventajas de retirar el pañal a simple vista, es la comodidad, pero supone mucho más: en este proceso de aprendizaje el niño sentirá mayor bienestar y seguridad. «Dar el margen de confianza a un chico en el momento adecuado no es solo una apuesta por un niño sin pañales, es un escalón importante en el aumento de la confianza en sus capacidades, tendrán un chico sin pañales, mucho más colaborador, mucho más hábil… un poco más autónomo», explica la psicóloga.

Algunos libros que te ayudarán al trabajo del control de esfínteres: